13.5.06

Cristo de Mayo - Señor de la Agonía - 13 de mayo de 1647 - además de la "anécdota de la Quintrala"


Este es un artículo que encontré una vez, y ahora ya no está en la red... en esta fecha en que suceden "cosas"

Cerca de las diez de la noche del 13 de mayo de 1647, un fuerte terremoto sacudió la ciudad de Santiago. Murieron muchas personas, se vinieron abajo casi todas las casas, pero el Cristo de la Agonía se mantuvo en pie, con parte de la iglesia de los agustinos.

Como si fuera poco, otro hecho sobresaltó a los sobrevivientes: la corona de espinas había caído, y ahora estaba en el cuello del Señor. "¿Qué significará eso?" – se preguntaban.
Fray Gaspar de Villaroel, fraile agustino y obispo de Santiago, comenzó a reunir a los sobrevivientes en la cercana Plaza de Armas, y los monjes organizaron con los vecinos una procesión en la que, todos descalzos, llevaron allá la imagen, colocándola en un lugar prominente.

Entonces, según consta en un documento contenido en el Archivo Provincial Agustino, el obispo hizo un ardoroso sermón sobre "los misterios que contenía el caso referido, con tanto aprovechamiento de todos los oyentes, que causó en todos gran levantamiento de sus espíritus, con demostraciones de verdadera penitencia, haciéndose especial mención de la corona de espinas puesta al cuello de nuestro Redentor".
Desde entonces la imagen pasó a ser conocida como Cristo de Mayo, y en forma espontánea se inició la procesión que hasta hoy recorre en esa fecha las calles céntricas de nuestra capital.


Tanto la imagen como la procesión se convirtieron en un vínculo del Chile de hoy con la fe de los tiempos coloniales. Cuando Dios envía sus gracias a una nación, se adapta un poco al estilo del país para lograr todo su efecto. Es una manera de encauzar a las almas para que reflejen en su conjunto un determinado aspecto del Creador.

El Cristo de la Agonía
En el año de 1604, llegó a Santiago el joven profeso agustino Fray Pedro de Figueroa, nacido en el Perú en 1580.

Las crónicas destacan su entusiasmo y constancia en la labor evangelizadora que realizó en la capital chilena. Sin embargo, la escasez de imágenes y esculturas para incentivar a los fieles lo tenía preocupado. En su Lima natal, donde ellas abundaban en belleza y variedad, había observado el trabajo de sus hermanos de hábito de reconocida fama en el arte de la escultura. Y aunque no era escultor, fue haciendo algunas pequeñas imágenes que se distribuyeron por los corredores del convento y de otras casas religiosas de Santiago.

Estos primeros pasos lo entusiasmaron y se atrevió, con la ayuda de un carpintero para el trabajo más rudimentario, a tallar un Cristo agónico en la Cruz. Amparado más en la gracia que en sus dotes artísticas, concluyó la imagen en febrero de 1613
Los expertos no la encajan en ninguna escuela artístico-escultórica. Tiene algo de español y algo de mestizo, pero sin grandes méritos propios. El trabajo en el cuerpo no es refinado, ni siquiera las llagas están elaboradas con esmero. Pero si algo destaca del conjunto es la expresividad del rostro.

Es un Cristo de rostro serio, que mira con firmeza un punto indefinido, recordando la pungente exclamación: "Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27, 46) ¿Fray Pedro se habrá inspirado en este trecho de las Escrituras? A ciencia cierta nunca lo sabremos. Expuesto a la veneración pública, el Cristo de la Agonía —como fue llamado— congregó a los fieles de la época por ser de las pocas imágenes que ornaban las iglesias santiaguinas. Un hecho extraordinario le daría la fama que goza hasta el presente.

Patrimonio de la iglesia y de nuestro país
Antigua imagen, el Cristo de Mayo no es obra de un renombrado artífice ni pertenece a ninguna escuela de imaginería. No mira al que se arrodilla a sus pies; está absorto en un punto elevado e indefinible, con aires de eternidad. Por lo mismo, parece ajeno a cuanto le rodea, solitario en su contemplación.
Interior de la recientemente restaurada iglesia de los agustinos Extrañado, quise aclarar este hecho y me dirigí hacia el convento, en donde encontré a Guillermo Carrasco, historiador que trabajó en la restauración del templo y ha investigado sobre el Cristo de Mayo y la obra agustina en Chile. Me dio una pronta explicación: "El Cristo de Mayo no fue restaurado, sólo sometido a un proceso de conservación para mantenerlo tal como todos lo conocen, y así no dañar la devoción que los fieles le profesan; es un patrimonio de la iglesia y de nuestro país".
De hecho, la historia de la imagen justifica la sensata actitud de las autoridades.

1 comentario:

Mauro dijo...

No, latero no es... aunque reconozco que los textos son muy largos y me da paja leerlos. De pronto un párrafo sinóptico y un comentario del autor - o sea, el caminante - se agradecería más. Eso lo sacaría del mero anecdotario artístico/religioso... pero tiene su púiblico así es que el mérito debe estar lejos de mi superficial alma.

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A-bracitos