28.2.11

San Román


28 de febrero
San Román
Los primeros contactos del monaquismo oriental se deben a los frecuentes exilios a los que fue condenado San Atanasio. En efecto, en el siglo IV fue cuando comenzó el monaquismo occidental, que produjo efectos de perfección espiritual y progreso civil. Baste recordar a San Benito. El primer monasterio en Galia surgió en el 371 por obra de San Martín de Tours; Después hubo un gran florecimiento de abadías, en una de las cuales (en Ainay, cerca de Lyon) encontramos a comienzos del siglo V al monje Román.
No contento con la rígida regla de su monasterio, con el permiso del abad, se retiró a un lugar solitario llevando sólo un texto de la Sagrada Escritura y las herramientas de trabajo. Después se perdieron sus huellas, pero pocos años después, su hermano Lupicino, que había enviudado, descubre su yermo y se le agrega, y con él también otros hombres. Román y Lupicino acogieron a los nuevos llegados y erigieron un primer monasterio en Condat y después otro en Leuconne. Después llegó también una hermana, y para ella construyeron un tercer monasterio, no muy lejano, en un lugar llamado La Beaume.
Los dos hermanos condividían en perfecta armonía el gobierno de las nuevas comunidades. Sus temperamentos, diametralmente opuestos, se completaban mutuamente: Román tenía un espíritu tolerante, inclinado a la comprensión y a la magnanimidad; Lupicino era austero, intransigente con la regla de la que pretendía el absoluto cumplimiento. Así, después de una cosecha excepcional, como los monjes no observaron las rígidas normas de la abstinencia, Lupicino hizo botar todas las provisiones al torrente y ordenó que a la mesa se sirvieran sólo una sopa de cebada. Doce monjes no resistieron tanta austeridad y abandonaron el convento: entonces Román corrió detrás de ellos y con lágrimas les imploró que regresaran.
Su bondad triunfó también en esta ocasión. Una vez, durante una peregrinación a la tumba de San Mauricio en Ginebra, en compañía de un monje suyo, San Pallade, llegaron a una choza en donde vivían dos pobres leprosos, y Román no dudó en abrazarlos. A la mañana siguiente los leprosos se dieron cuenta que estaban perfectamente curados y fueron a al ciudad a contar el prodigio. Durante esa peregrinación se verificaron otros prodigios. Después regresó a la soledad de Condat en donde murió en el 463. Había nacido hacia el año 390

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